El diario de Ana Frank

19 marzo, 2020 Sibila1780 0 Comments

Por: Luz Katherine
Después de leer los primeros párrafos, salta a la vista la expresión vivaz y exultante de energía, de una niña, que recién ha cumplido los trece años y con motivo de su celebración, recibe entre otros regalos, un diario en el que pretende volcar sus emociones, fantasías y sueños; y es ella la que se pregunta si en un corto tiempo, ese testimonio de su mundo interior podrá suscitar interés en alguna persona, empezando por ella misma. Si ella pudiera dimensionar el impacto que tuvo su obra, sería la primera sorprendida, su diario trascendió el terreno de lo anecdótico, y pasó de ser un manuscrito literario a inmortalizarse como un documento histórico del Holocausto; referente obligado para comprender las penurias de la población judía durante la Segunda Guerra Mundial.
Su diario se hizo tan famoso, que estas líneas pueden leerse en la fachada del colegio al que asistía Ana: “¿Podría escribir algo importante alguna vez?, espero que sí, porque en lo que escribo puedo plasmar todo, mis pensamientos, mis ideales y fantasías”.  Se considera que el Diario de Ana Frank, es después de la Biblia, y junto con el Quijote de Cervantes, el libro más leído del mundo; se estima que hasta la fecha, se han vendido alrededor de treinta millones de ejemplares.
Sorprende la profundidad de su pensamiento, su madurez, la claridad con que ve el mapa político de su época, su agudo sentido del humor, porque aunque en el diario se narran hechos trágicos, también hay muchos fragmentos que suscitan risa y nos hablan de la fortaleza de su espíritu.
Annelies Marie Frank, conocida en español como Ana Frank, fue una niña alemana con ascendencia judía, mundialmente conocida gracias al Diario de Ana Frank, la edición de su diario íntimo. Ana comenzó a escribir en su diario el día en que cumplió los trece años y la mayor parte la escribió en la casa, en la que estuvo escondida más de dos años y medio, durante la ocupación nazi en Holanda. La casa todavía existe, es un museo en  el cual, se expone su diario, se llama: La Casa de Ana Frank.
A falta de una «amiga del alma», según Ana, le escribía a su diario como si estuviera dirigiéndose a una amiga. Llamaba Kitty a su diario y usaba «Querida Kitty» como fórmula introductoria en alusión directa a Kathe Zgyedie, una compañera de estudios a quien llamaban afectuosamente Kitty. El diario está escrito de forma epistolar, las cartas siguen una cronología y tratan sobre diversos temas, como por ejemplo, las notas recibidas en clase, anécdotas con sus amigos, chicos con los que simpatizaba y los lugares que prefería visitar en su vecindario. Si bien estos primeros escritos muestran que su vida era en muchas formas la vida típica de una escolar, reseña asimismo los cambios que se van implantando a medida que el partido nacionalista alemán (Nazi), arrecia con su ofensiva militar. Algunas referencias parecen casuales y sin gran énfasis; sin embargo, en algunas partes describe con mayor detalle la opresión que cada día va en aumento.
Ana comenta en su diario: “Me es absolutamente imposible construir cualquier cosa sobre la base de la muerte, la desgracia y la confusión. Veo cómo el mundo se va convirtiendo poco a poco en un desierto, oigo cada vez más fuerte el trueno que se avecina y que nos matará… “
“Ahí está lo difícil de estos tiempos: la terrible realidad ataca y aniquila totalmente los ideales, los sueños y las esperanzas en cuanto se presentan. Es un milagro que todavía no haya renunciado a todas mis esperanzas, porque parecen absurdas e irrealizables”.
Ana nació el 12 de junio de 1929, en Fráncford del Meno, Alemania. Allí vivió los primeros años, con su familia. Margot su hermana era tres años mayor que ella, Edith su madre se ocupaba de la casa y Otto su padre trabajaba en un banco. Sus padres eran judíos, asistían regularmente a la sinagoga. En 1933 llega un partido antisemita al poder, su jefe máximo es Adolfo Hitler y sus seguidores se llaman: nazis. Después de la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, este país quedó sumido en una profunda crisis económica; esto contribuyó a fomentar un clima de insatisfacción que allanó el terreno, para que el discurso de Hitler tuviera eco en millones de personas y a encumbrarlo como un líder nacionalista, que se encargaría de devolver a Alemania su destino de grandeza, y para restaurar la pureza de la raza aria, había que aniquilar a todos los causantes de su ruina y los primeros en la lista eran los judíos. A partir de allí, inicia la persecución antisemita, con medidas discriminatorias que incluían a discapacitados, homosexuales y gitanos, entre otros. Los funcionarios judíos son despedidos de sus empleos públicos, se dictan disposiciones para que los niños judíos se sienten apartados de los demás niños en las escuelas, mientras se designan escuelas exclusivamente para el uso de la población judía; los judíos no podían asistir a sitios de entretenimiento como cines o escenarios deportivos, las compras de víveres debían realizarse en las horas señaladas, por lo general, de noche.
Al respecto, de las innumerables restricciones que recayeron sobre los judíos, Ana menciona en su diario, como lamenta la prohibición de usar el tranvía, por lo tedioso de tener que desplazarse caminando o en bicicleta a todas partes. Pero lo más humillante era verse obligada a vestir con su ropa, como distintivo, una estrella de David amarilla, para salir en público.
El 5 de julio de 1942, Margot Frank recibió un aviso ordenándole presentarse para su deportación a un campo de trabajo. Ana fue entonces informada de un plan que Otto había preparado con sus empleados de mayor confianza, y que ya conocían Edith y Margot desde hacía pocos días. La familia se escondería en cuartos camuflados en las instalaciones de la empresa en Prinsengracht, una calle al borde de uno de los canales de Ámsterdam.
El 9 de julio de 1942, la familia se mudó al escondite preparado y su antiguo apartamento fue dejado en desorden, para hacer pensar que había sido abandonado de manera súbita. Otto Frank dejó una nota de la que se podía deducir que habían logrado escapar hacia Suiza. Como los judíos no podían utilizar los transportes públicos, debieron caminar varios kilómetros desde su casa hasta el refugio, portando cada uno todas las vestimentas que podía, dado que no debían correr el riesgo de ser vistos con equipajes. Opekta, era el nombre del almacén de especias que dirigía Otto, cuando se establecieron en Holanda. Detrás del edificio en el que estaba ubicado el almacén, había una pequeña casa conectada a este, a través de un compartimento secreto, este lugar era conocido como “La casa de atrás”.
En el primer nivel había dos pequeñas habitaciones, con un baño adjunto sobre el que se encontraba una gran habitación, con otra más pequeña adosada. Desde esa habitación más pequeña se subía hacia el ático. La puerta hacia el escondite quedó disimulada tras una estantería.  Ana se referiría más tarde a este espacio como el anexo secreto. El edificio principal, situado a una manzana de Westerkerk, era un edificio banal, típico de los barrios del oeste de Ámsterdam.
A finales de julio, se les unió la familia Van Pels (Van Daan): Hermann, Auguste y Peter de 16 años, y más tarde, en noviembre, llegó Fritz Pfeffer (Albert Dussel), dentista y amigo de la familia. Ana escribió sobre lo bueno que era tener otras personas con quienes hablar, pero las tensiones rápidamente se presentaron en este grupo de ocho personas que forzadas a convivir confinados en este espacio exiguo.
Ana menciona en su diario: “Los domingos reina aquí en casa una atmósfera deprimente, aletargada y pesada; afuera no se oye cantar a ningún pájaro; un silencio sofocante y de muerte lo envuelve todo, y esa pesadez se aferra a mí como si quisiera arrastrarme hasta los infiernos. Papá, mamá y Margot me son indiferentes de tanto en tanto, y yo deambulo por las habitaciones, bajando y subiendo las escaleras, y me da la sensación de ser un pájaro enjaulado al que le han arrancado las alas violentamente, y que en la más absoluta penumbra choca contra los barrotes de su estrecha jaula al querer volar. Oigo una voz dentro de mí que me grita: «¡Sal, al aire, a reír!» Ya ni le contesto; me tumbo, en uno de los divanes y duermo para acortar el tiempo, el silencio, y también el miedo atroz, ya que es imposible matarlos”.
“Por las noches, en sueños, me veo en un calabozo, sin papá y mamá. A veces deambulo por la carretera, o se quema nuestra Casa de atrás, o nos vienen a buscar de noche y me escondo debajo de la cama, desesperada. Veo todo como si lo estuviera viviendo en mi propia carne. ¡Y encima tengo la sensación de que todo esto me puede suceder en cualquier momento!”
El 04 de agosto de 1944, la Gestapo irrumpió en el escondite y tomó prisioneros a sus ocho ocupantes. Aún no se sabe con plena certeza quién delató a los Frank, varias fuentes señalan a distintos sospechosos.
Llevaron a los detenidos de la casa a un campo en Westerbork, aparentemente un campo de tránsito por el que hasta ese momento habían pasado más de 100 000 judíos. Una vez allí, los ocho escondidos fueron calificados como «criminales» por no acatar la orden de presentarse voluntariamente a trabajos forzados, y haberse escondido. Fueron llevados a los «Barracones S», una zona del campo que estaba separada del resto por una gran cerca de púas. Se les prohibió el uso de sus propias ropas, y se les dio un uniforme azul con parches rojos y de calzado unos zuecos. Aunque los hombres y mujeres estaban en barracas distintas, podían verse durante la tarde y la noche.
El 2 de septiembre, el grupo fue deportado, en el que sería su último traslado, desde Westerbork hasta el campo de concentración de Auschwitz. Tras tres días de viaje llegaron a su destino, y los hombres y mujeres fueron separados según su sexo, para no volverse a ver más.
Junto con las otras mujeres no seleccionadas para la muerte inmediata, Ana fue obligada a permanecer desnuda para desinfectarla, le raparon la cabeza y le tatuaron un número de identificación en el brazo. Durante el día empleaban a las mujeres en realizar trabajos forzados y por la noche las hacinaban en barracones frigoríficos. Las enfermedades se propagaban velozmente y en poco tiempo Ana terminó con la piel cubierta de costras, ocasionadas por la sarna.
El 28 de octubre, más de 8.000 mujeres fueron seleccionadas para ser reubicadas en el Campo de concentración de Bergen-Belsen, entre ellas, Ana y Margot Frank, y Auguste Van Pels, sin embargo, Edith Frank se quedó atrás. Con el aumento de la población, se incrementó rápidamente la tasa de mortalidad, debido a enfermedades. Ana pudo juntarse por un breve periodo con dos amigas, Hanneli Goslar (llamada «Lies» en el diario) y Nanette Blitz, quienes sobrevivieron a la guerra. Contaron cómo Ana, desnuda salvo por un trozo de manta, les explicó que, infestada de piojos, se había despojado de sus ropas. La describieron como calva, demacrada y temblorosa, pero a pesar de su enfermedad, les dijo que estaba más preocupada por Margot, cuyo estado parecía más grave. Goslar y Blitz no llegaron a ver a Margot, que permaneció en su litera, demasiado débil. Asimismo, Ana les dijo que estaban solas, y que sus padres habían muerto.
En febrero de 1945, una epidemia de tifus se propagó por todo el campo; se estima que terminó con la vida de 17. 000 prisioneros. Los testigos contaron más tarde que Margot, debilitada como estaba, se cayó de su litera y murió como consecuencia del golpe, y que pocos días después Ana también murió, alrededor de mediados de febrero. Dos semanas después el campo sería liberado por tropas británicas, el 15 de abril de 1945.
El único miembro de la familia que sobrevivió al Holocausto fue Otto Frank. En 1957 creó la Fundación Ana Frank, que trabaja para educar a los jóvenes contra la intolerancia y la discriminación. Murió en 1980, a los 91 años. Otto cumpliendo el deseo que su hija expresó en su diario, de convertirse en escritora y periodista, pensó en publicarlo. Él se encargó de recopilar y editar el diario, que fue publicado en los Países Bajos en 1947, bajo el título “La casa de atrás”, luego fue reimpreso en 1950, bajo el título “Las habitaciones de atrás”, y en ediciones posteriores hasta nuestros días, se preservó el nombre original “El diario de Ana Frank”.
Ana jamás imaginó la repercusión que tendría su diario y sin embargo, su anhelo de perpetuar su legado en el tiempo, de alcanzar de algún modo la inmortalidad, fue satisfecho con creces. Cierro este escrito con sus propias palabras: ¡Quiero seguir viviendo, aun después de muerta! No quiero haber vivido para nada como la mayoría de las personas.

Enlaces recomendados:

Sitio oficial de Ana Frank: https://www.annefrank.org/es/ana-frank/quien-era-ana-frank/

La corta vida de Ana Frank: https://www.youtube.com/watch?v=c7z7zPQpl5s

La casa de Ana Frank: https://www.youtube.com/watch?v=E6pMatqP2q0

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